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jueves, 16 de abril de 2026

NADA NOS PERTENECE

Escuché una frase que me dejó en silencio:
cuando nos vamos de este mundo, no nos llevamos nada.
Y aunque parece obvia, no lo es tanto.
Porque vivimos como si lo material fuera permanente, como si acumular tuviera sentido eterno, como si lo que guardamos pudiera acompañarnos más allá de esta vida.
Nacemos desnudos.
Alguien nos abriga, nos alimenta, nos cuida.
Dependemos del amor de otros para empezar a existir.
Y cuando nos vamos…
nos vamos igual.
No nos llevamos el cuerpo: queda en la tierra.
No nos llevamos el dinero: queda en los bancos.
No nos llevamos el oro ni las propiedades: quedan en manos de otros.
Entonces, ¿qué es lo que realmente nos pertenece?
Miro el mundo y veo acumulación, apego, competencia.
Veo guerras por territorios, por recursos, por poder.
Veo personas que creen que lo que conquistan será suyo para siempre.
Pero la historia se repite, siglo tras siglo.
Los poderosos también se van.
Los imperios caen.
Los nombres se olvidan.
Y nada de lo que fue disputado con tanta fuerza logra trascender el paso del tiempo.
Tal vez el verdadero error sea olvidar que somos mortales.
Que no somos dioses inmortales, sino seres de paso.
Y que en ese paso, lo único que realmente permanece no es lo que acumulamos,
sino lo que fuimos capaces de dar, de compartir, de construir en otros.
Porque al final, cuando todo queda en la tierra,
solo el alma continúa su camino.
Y ahí, en ese instante silencioso,
lo material pierde todo sentido…
y lo esencial se revela.
🌱 Sanando y Gozando Blog

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