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domingo, 15 de febrero de 2026

MÁS QUE TENDENCIA, PRESENCIA

 
Más que tendencia, presencia
Salgo a la calle y veo algo que se repite: una uniformidad silenciosa.
Colores apagados, estilos calcados, marcas que parecen dictar quién eres antes de que puedas decir una palabra.
La moda, como expresión cultural, puede ser creatividad, arte y libertad. Pero cuando se transforma en imposición colectiva, deja de ser elección y se convierte en repetición. Y ahí es donde algo se pierde: la presencia.
Más que seguir la tendencia, necesitamos cultivar presencia.
Presencia es coherencia entre lo que eres por dentro y lo que proyectas por fuera. Es vestirte no para encajar, sino para expresarte. Es elegir un corte de cabello porque te representa, no porque todos lo usan. Es usar colores porque vibran contigo, no porque una temporada los impuso.
Las marcas no definen tu valor.
La ropa no determina tu dignidad.
La modernidad no se mide en etiquetas.
He observado cómo, en muchos ámbitos laborales y sociales, se ha confundido comodidad con descuido, libertad con indiferencia, informalidad con falta de cuidado personal. Y no se trata de juzgar estilos, sino de recordar algo esencial: la impecabilidad también es una forma de respeto.
No hablo de lujo.
Hablo de presencia consciente.
La impecabilidad no es solo del alma; también es del cuerpo, de la forma en que te presentas ante el mundo. Porque tu imagen comunica antes que tu voz. Y cuando hay armonía entre interior y exterior, se siente.
No necesitas cortar tu cabello porque está de moda.
No necesitas dejarlo largo porque es tendencia.
No necesitas vestirte de negro si tu alma vibra en colores.
Ser auténtico requiere más valentía que seguir una corriente.
Más que marcar tendencia, que tu presencia marque el espacio.
Que cuando entres a un lugar no te reconozcan por la marca que llevas, sino por la energía que transmites.
Porque la verdadera elegancia no está en la moda del momento,
sino en la identidad sostenida con conciencia.
✍️ Elida Bentancor 
Sanando y Gozando Blog

domingo, 28 de diciembre de 2025

SER INDEPENFIENTE DE LA OPINION AJENA

Hay que ser independiente de la opinión ajena, sea buena o mala.
Porque tanto el halago como la crítica nacen de mentes que no viven tu vida, que no conocen tu proceso ni habitan tu interior. Son pensamientos externos, ajenos a tu verdadera realidad y a quien realmente eres.
Cuando comprendes esto, algo se libera dentro de ti.
Entiendes que nadie puede darte verdadero crédito, pero tampoco puede hundirte, a menos que tú le entregues ese poder. El reconocimiento auténtico y la caída más profunda siempre nacen del mismo lugar: tu propia mente.
La opinión de los demás deja de ser determinante cuando descubres que el poder creador está en ti. Que todo es mente, percepción y elección. Que eres tú quien decide qué pensamiento sostener, qué emoción alimentar y qué camino recorrer.
En ese silencio creador —donde no hay voces externas, ni aplausos, ni juicios— aparece la verdad más pura: creer en ti. No desde la soberbia, sino desde la conciencia. Desde la certeza de que tu vida no se construye con miradas ajenas, sino con convicción interior.
Sanar es dejar de buscar validación afuera.
Gozar es vivir fiel a lo que eres, aunque el mundo opine distinto.
🌱 Sanando y Gozando Blog

lunes, 10 de noviembre de 2025

LO QUE ME DAÑÓ NO EXISTE

🌿 SANANDO Y GOZANDO BLOG

Lo que me dañó no existe

Hay momentos de la vida en los que algo nos hiere tan profundamente que quedamos atrapados allí.
Quedamos detenidos mentalmente en la escena del dolor.
El cuerpo sigue, pero la mente queda inmovilizada, como si se hubiera roto en pedacitos.

Y lo peor no es el hecho en sí.
Lo peor es la repetición.
La mente vuelve, vuelve, vuelve…
como si ese dolor fuera la única verdad posible.

Pero la mente no es la verdad.
La mente es un mecanismo.
Un órgano obediente.
No sabe lo que es pasado, presente o futuro.
Sólo responde a lo que repetimos.

Si repito un dolor, lo reactivo.
Si repito una herida, la mantengo viva.
Si repito una memoria sufrida, la convierto en identidad.

Por eso este mantra tiene poder:

“Lo que me dañó no existe.”

No porque neguemos lo vivido, sino porque dejamos de sostenerlo.
Dejamos de darle existencia.
Dejamos de alimentarlo.

Cuando repetimos este mantra 100 veces, estamos desprogramando la mente.
Estamos interrumpiendo el circuito del sufrimiento.
Estamos rompiendo el hechizo.

Porque sí, el dolor también es un trance.
Un trance oscuro, repetitivo, automático.

Entonces, ¿qué hacemos?

1. Repetimos el mantra con ritmo interno:
Lo que me dañó no existe.
Lo que me dañó no existe.
Lo que me dañó no existe.

2. Cerramos los ojos un minuto.
Y ahí, en ese minuto de silencio, donde el dolor ya no está dirigiendo la escena:

3. Visualizamos la nueva realidad.
La versión de nosotras que está libre, completa, entera, creadora.

Porque cuando yo digo este mantra, me vuelvo autora de mi vida.
Cuando yo digo este mantra, retiro la energía del pasado.
Cuando yo digo este mantra, la mente deja de traerme lo que me destruye.

Y entonces sucede lo más grande:
El dolor deja de ser identidad, y se convierte simplemente en experiencia.
Algo que fue, algo que enseñó, algo que terminó.

No niego lo que pasó.
Niego su permanencia.

Yo no soy lo que me dañó.
Yo no soy lo que me rompió.
Yo soy lo que decido crear ahora.

Porque aquí, en mi presente, yo vuelvo a elegir.
Porque aquí, en mi interior, yo soy la creadora de mi realidad.

Lo que me dañó no existe.
Y aquí vuelvo a nacer.

✍️Elida Bentancor 
Sanando y Gozando Blog