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lunes, 23 de febrero de 2026

NO VINE AL MUNDO PARA ENDURECERME


No vine a endurecerme
Vivimos en un mundo que muchas veces parece premiar la dureza.
Se admira al que “no siente”, al que “aguanta todo”, al que levanta muros para no ser herido.
Pero yo no vine a endurecerme para soportar el mundo.
Vine a conservar mi sensibilidad sin romperme.
Hay una diferencia enorme entre ser fuerte y volverse insensible.
La fortaleza verdadera no consiste en apagar el corazón, sino en aprender a protegerlo sin traicionarlo.
No es endurecerse, es comprender.
No es cerrarse, es elegir con conciencia.
La sensibilidad no es fragilidad.
Es percepción fina.
Es capacidad de leer el dolor ajeno.
Es notar lo que otros no ven.
Es emocionarse con un atardecer, con un gesto pequeño, con un acto de bondad.
Quien se endurece demasiado deja de sufrir…
pero también deja de vibrar.
El desafío no es convertirnos en piedra.
Es permanecer humanos.
Es sostener la ternura en medio del ruido.
Es cuidar el alma sin exponerla innecesariamente.
Conservar la sensibilidad no significa permitir abusos ni tolerar maltratos.
Significa aprender a poner límites sin perder la esencia.
Significa elegir entornos donde el corazón pueda respirar.
No vine a sobrevivir al mundo.
Vine a habitarlo con conciencia.
Y si a veces duele sentir tanto,
también es cierto que gracias a esa sensibilidad
podemos amar más profundo, comprender más amplio
y construir más luz.
La verdadera evolución no es volverse frío.
Es volverse sabio sin dejar de ser cálido.
🖋️ Elida Bentancor
PENSAMIENTOS LUMINOSOS

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