pero que con los años se comprende:
la tranquilidad no es pasividad…
es inteligencia.
No todo merece una respuesta.
No todo necesita ser discutido.
No todo tiene que ser enfrentado.
A veces, la mayor sabiduría
es saber retirarse a tiempo,
guardar silencio
y conservar la propia energía.
Porque la calma interior
no aparece por casualidad.
Se elige.
Se construye.
Se protege.
Y en un mundo que empuja a reaccionar,
a opinar, a responder…
mantener la serenidad
es una forma elevada de conciencia.
Sanar no siempre es hacer.
A veces, sanar
es dejar de involucrarse
en lo que no nos pertenece.